26 sep. 2012

Mariposa siniestra


Jorge y Matías fueron a buscar a Carola a su casa. Los atendió su madre, una delgada mujer con una palidez deslustrada, el cansancio en su aspecto. No, no era cansancio, sino algo parecido “Abatimiento”, pensó Matías, y trató de recordar su nombre. “Margarita, creo”, se dijo al fin.
Carola no estaba, pero la mujer los hizo pasar, diciéndo que quería hablarles de algo, serio e importante.
Pero cuando se sentaron, apenas si atinaba a refregarse las manos, sin animarse a empezar. Aunque los chicos sentían lo pesado del silencio, ninguno se animaba a preguntar qué era lo que ocurría. Era la primera vez que estaban en la sala, y Matías se dijo que quizás por algo Carola no los hacía pasar nunca, siendo por lo demás tan deferente; ella todo lo hacía con naturalidad, pero ahora se notaba la posibilidad de algo extraño tras esos gestos desenvueltos. La mujer al fin habló, y preguntó, vacilante, si su hija les había hablado de su infancia.
­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­—No, señora —respondió Jorge—, por lo general hablamos de —hubo una casi imperceptible pausa, seguramente a causa de la vergüenza— Literatura y temas relacionados.
—También se dio —acotó Matías—, hace poco, una charla sobre ovnis, usted sabe.
La mujer hizo un gesto de asentimiento ante esto último, y ese gesto decía mucho.
—Desde hace poco habla de platos voladores y demás, pero es algo que empezó hace ya muchos años.
* * *
Sólo Carola podía ver la estrella terrible.
Desde la primera vez que se encontraron comenzó a sentirse observada, casi acechada.
Le habló de ella a su padre, pero él lo desestimó, aduciendo que podía haber sido un avión .Ni se tomó el trabajo de explicarle cuán improbable era que viese una nueva estrella, ya que el cielo estaba conformado desde hace siglos.
* * *
—Por si no saben, el trabajo de mi esposo es en el CODE, en la costanera.
—¿El observatorio?
—Sí, aunque el Centro Observadores Del Espacio tiene otras instalaciones, lo más famoso es el telescopio, por supuesto —hubo un ruido cerca de la puerta, y la mujer se sobresaltó— Disculpen, no quiero que Carola se entere de que les cuento esto, pero ustedes me parecen buenos chicos, Carola se lleva muy bien con su grupo, y yo noto gran diferencia entre ustedes y los chicos de la parroquia, que la visitan como si fuera otra obra de caridad. Porque ellos saben, en este barrio todos saben.
Pare con el suspenso y el dramatismo, señora”, quería decir Matías, y le parecía que Jorge hubiera dicho otro tanto, pero por otro lado se notaba que su nerviosismo era real, como si la mujer tuviese que vencer barreras que ella misma se hubiera puesto.
Y comenzó a contarles.

* * *
Carola le pidió a su padre que si no le creía, al menos se fijase desde el observatorio. Éste lo prometió, y lo olvidó al punto.
Su madre, Margarita, pudo ver algo una vez, pero tampoco le dio importancia:
—Debió ser una luciérnaga, aunque parecía una mariposa.
"Mariposa siniestra", pensó la niña, de tan sólo ocho años. Se dio cuenta de que nadie le creería. Sabía que el nombre "mariposa siniestra" era su verdadero nombre; no exactamente su nombre, sino su verdadera esencia.
El astro refulgía con una luz particular, de alas tenebrosas.
Desde que la divisó por primera vez, Carola ya no podía dormir bien. Y aunque estaban en verano, ya no quería dejar abierta la ventana. Sabía que desde allí podría caer ese refulgente y oscuro ángel para llevársela, para mostrarle el terror.
Hasta que una noche.
* * *
—Se me durmió en los brazos, como cuando era bebé, mientras mirábamos la tele. Seguro estaba exhausta, hacía días que no descansaba lo suficiente. Le preparé la cama, recuerdo que me pareció que el ventilador no me pareció suficiente, y abrí la ventana, que tenía el pestillo puesto. Nunca voy a arrepentirme lo suficiente de eso.
* * *
Esa noche, el padre llegó contento a la casa.
—Sabés querida, encontré un asteroide por donde Carola me indicó. Es increíble que ella lo viese sin ayuda del telescopio, o habrá sido casualidad. Le voy a contar ¿hace mucho que se durmió? —Y sin aguardar respuesta se dirigió a su pieza.
Mientras iba en busca de su hija, el hombre sintió una ráfaga de aire fresco (casi gélido, se hubiera dicho, si el caluroso verano no le hubiera atenuado la sensación) que pasaba por el pasillo.
Lo recibió una cama destendida y una pequeña mancha, como de sangre.
* * *
Cerca del amanecer fue encontrada a la puerta de la parroquia del barrio, inerme; alguien había  llamado ya a una ambulancia.
El enfermero que la acompañaba la escuchó musitar sobre un ser luminoso y atroz, difuso en sus contornos y en el rostro, que era el de la muerte. Prefirió darle a la niña un sedante para que dejara de hablar delirios, aunque era él quien hubiera querido recibir el tranquilizante. Le pareció que la ambulancia no iba lo suficientemente rápido, ni que la sirena estaba lo suficientemente fuerte, con tal de no escucharla más.
* * *
—En el hospital nos dijeron que había sido violada, y que cuando creciera era poco probable que pudiese concebir. Parece que le introdujeron algo candente, cauterizándole el interior. Y ella, al despertar, era casi la misma de siempre, sólo que no podía reconocer al que la atacó, y hablaba de un rostro bello pero aterrador, como sería el de un ángel de Dios. Lo más raro es que después todos buscamos refugio en la Iglesia, nos volvimos más devotos, aunque Carola estos últimos tiempos habla mucho de ovnis, y creo que está recordando eso, que hacía mucho creíamos enterrado. Bueno —hizo un gesto vago—, ya lo saben.
Y la mujer no dijo más. Se estaba por formar un silencio aún más incómodo que el anterior. A Matías no se le ocurría nada, no sabía si decir palabras de consuelo o qué. Pero justo llegó Carola.
Los tres sonrieron.

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